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20091124

AMEN

La opción era operar. Tan pronto como fuera posible.

No hubo tiempo para largas meditaciones y sólo se dio cabida a las despedidas de rigor. Cada uno se mantuvo fuerte para el otro. Cada uno se aferró a su Fe. Cada uno siendo dos.

De todas formas y sólo por precaución, se administraron los santos óleos. Ella lo despidió en el elevador y él prometió volver.

La operación inició a las 12.00PM

¿Qué pasó en el quirófano?, ¿Qué sucedió en la operación?, ¿Qué hilos se tejieron y cuáles se destrenzaron?

A las 5.00 PM pidieron a los familiares que subieran a quirófano y ella sube
―No fue una buena operación― el Dr. Gómez Aviña habló con voz firme y clara―Hicimos lo que fue posible pero el aneurisma reventó antes de que iniciáramos―Después continuó dando una explicación general de la operación.
―Es cuestión de horas―sentenció―y todos los relojes del mundo se frenaron.

¿Qué es una cuestión de horas?, ¿Qué era en esos tiempos cuando no conocíamos internet ni el genoma humano?, ¿cuándo los robots no hacían operaciones?, ¿de qué hilos pendía la vida?
Y, ¿cuántas horas es una cuestión?, ¿2, 10, 24, 100?

Entonces la cuestión se transforma en días y el conteo de horas y minutos representa un desangre silencioso de aquellos que esperan.

Y hay tres vidas que esperan lejos de la escena, hay tres vidas que no saben de cuestiones, ni de horas. Hay tres relojes en el mundo que no se frenan nunca y que extrañan a mamá y papá. Hay tres vidas que reclaman el juego y la cena a la misma hora.

Y ella camina hasta encontrar un refugio familiar y desploma su cuerpo al sentirse protegida. No queda más que llorar, pero su Fe sigue presente.

La espera se prolonga y ella sabe que no será cuestión de horas, sabe que no será cuestión de días, sabe que no se resignará y que Dios le estaba haciendo una pregunta mirándola a los ojos.
Y ella fue a la capilla y delicadamente puso las rodillas en el piso. Y no agachó la cabeza y no rompió a llorar, ni gritó reclamos sin sentido.

Lo dijo tan quedito que ni ella lo escuchó. Lo dijo tan segura que Dios no pudo ignorarlo. Lo dijo con los ojos abiertos, mirando al Cristo de frente. Lo dijo una sola vez, segura de que había sido escuchada:

Déjamelo. No me importa cómo. Déjamelo. Aún si nunca despierta. Aún como un vegetal. Déjamelo

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Una voz infantil hacía eco sin saberlo.
―¿Qué es rezar, abuelita? ―preguntaba una niña que no sabía ejecutar la instrucción que se le había asignado
―rezar es platicar con Dios, le vamos a pedir que cuide mucho a tu papi y que lo traiga pronto a casa―explicaba la abuela intentando que no se cortara la voz
―y ¿qué hace mi papi con Dios?
La abuela no contestó. Rodeo con sus manos el cuerpo infantil, envolviéndola como un caparazón, y escondiendo la lágrima que se le escapó de los ojos.
―Repite conmigo ―pidió la Abuela―Padre Nuestro, que estás en los cielos….

Pasaría más de un mes, antes de que se supieran las respuestas, pero la decisión se había tomado en ese preciso instante.


“Déjamelo”, había sido pronunciado. Y hace 33 años, Dios accedió

20090802

He recibido un premio.....


Recibí esto desde el blog de centrífugo...Gracias, gracias, gracias!!!!!!!!

Quesque fue por mi compromiso con el significado (aunque no sé lo que eso significa), sin embargo lo aprecio mucho, por venir de un blog que me gusta mucho, de una persona que quiero y admiro y sobre todo por tratarse del "sensei" que me presentó este bizarro mundo.

Cumplidas las formalidades, me retiro.

20090517

EXTRAÑOS


Para llegar a mi trabajo en las mañanas puedo elegir entre cuatro caminos.

La primera opción consiste en avenidas principales. En esa ruta hay muy pocos semáforos y, aunque en teoría debiera ser rápida, suele ser la más congestionada.

La segunda alternativa considera una calle importante, sin que sea eje vial. Hay muchos semáforos y en ambos lados de la acera se observan montones de tiendas de marca. A pesar de eso, en las mañanas suele no estar tan abarrotada.

El tercer camino es una zona más fea. También considera avenidas principales pero atraviesa una zona industrial. Es la ruta más rápida, aunque implique un poco más de rodeo. La uso, sólo cuando llevo mucha prisa.

La cuarta opción puede decirse que es la ruta "turística". Me voy por calles internas de Polanco (una colonia "nice" de la ciudad) y paseo por rincones que siento que ya he hecho míos: la tienda dónde venden unas tortas buenísimas, la farmacia que entrega a domicilio, el restaurante que abrió una amiga, el puesto de comida oaxaqueña, el SPA, la escuelita dónde van los niños de uniforme amarillo, un par de jacarandas enmarcando una glorieta y, justo en la esquina, un edificio viejo de tres pisos que contrasta con el nuevo conjunto habitacional que construyeron al lado.

Hace un par de años iba manejando por este camino y al pasar por enfrente del edificio viejo, me pareció ver a una persona en la ventana. Fue una mirada muy rápida y me llamó mucho la atención porque me pareció ver que no llevaba camisa.

Reconozco que la curiosidad me hizo tomar ese camino al día siguiente y pasé más despacio por el mismo sitio. En esta ocasión pude constatar que el hombre se estaba bañando y que la ventana que daba a la calle dejaba ver todo el torso desnudo.

El sujeto parecía satisfecho de disfrutar de ambos baños a la vez, el rutinario y el baño de sol, que tomaba a través de su ventana descaradamente abierta.

Al principio me sentí una fisgona y metiche por haber "espiado" a la persona. Sin embargo, al darle una segunda pensada, me parecía raro que alguien tuviera la ventana del baño abierta y sin cortina, consciente de que cualquier persona podría observar tan íntimo suceso. En ciudades como en la que vivo, estamos acostumbrados a encerrarnos en nuestos espacios y no permitir la visita de miradas extrañas. Es raro encontrar gente en balcones o personas asomadas a la calle.

Probablemente la persona que yo observé era un extranjero, pues no se me ocurre que alguien acostumbrado a vivir aquí, deliberadamente dejara una ventana sin cortina.

Aunque no pasaba seguido por ese camino, me acostumbré a levantar la vista y enfocar la ventana del baño del tercer piso, cada que cruzaba por el edificio. Aprendí también que si llegaba a ver el chorro de agua saliendo por la regadera, era señal de que iba a llegar 5 minutos tarde al trabajo. También aprendí que el muchacho se bañaba de frente a la regadera y que acostumbraba cantar. Incluso alguna vez hasta me pareció verlo bailando.
Y alguna vez, quizás a causa de una desvelada o de acumulación de problemas sólo lo observé estático dejando que el chorro de agua le recorriera la espalda.

Es curioso cuántos desconocidos incluimos en nuestra vida como parte de un paisaje que pensamos estático. Nuestras rutinas parecieran compartirse con el mismo grupo y sin darnos cuenta llegamos a conocer más de esas personas que de aquellas a quienes tenemos más cerca.

Cuando viajaba en metro, podía decir qué libro estaba leyendo cada uno de los cuatros paseantes que coincidiamos siempre en la misma ruta. Y confieso que sentía una curiosidad incontrolable por preguntar cuando se había terminado una lectura. "¿le habrá gustado?".

Es probable también que les esté inventando historias que no tengan que ver con la realidad. Y me pregunto también si yo no seré el blanco de la imaginación de extraños a mi paso. Veo rostros en mi camino que he vuelto familiares: la mujer que me entrega el Publimetro todas las mañanas y que aparenta una pena real, cuando se le agotan antes de que yo llegue, el policía de la entrada del fraccionamiento que saluda con una sonrisa de oreja a oreja, la mujer que espera el autobus con sus dos hijos y normalmente lleva pantuflas, el muchacho que pide limosna en el semáforo, aunque a decir verdad se ve muy sano y fuerte. Y así añadí la historia de ese extranjero que se baña alrededor de las 9.00AM

Somos testigos silenciosos de la vida de los otros y me causa cierta vulnerabilidad saber que hay alguien que de igual forma, descifre mis rutinas. Tal vez por eso, no acostumbro siempre ir por el mismo camino; quizás por eso leo tres libros a la vez; escucho estaciones diferentes en el radio y pretendo no ser yo a veces. Probablemente es un juego tonto y eso me vuelve aún más predescible.

La semana pasada tomé de nuevo la ruta "turística". Sabía que iba a llegar tarde, pero quería darme una vuelta por mis rincones de Polanco. Quería observar cómo lucían después del encierro voluntario al que nos sometimos. Me acerqué a la glorieta de las jacarandas que lucían con su tono lila mágico más intenso que nunca y ví al edificio igual de viejo. La ventana del piso uno cerrada con su cortina color café claro, el segundo piso con las cortinas blancas y la ventana entreabierta; y al detener mi vista en el tercer piso, choqué con un letrero grande, justo en la ventana que ahora estaba cerrada, que decía: SE RENTA.

20090217

EL DIA 10


El 6 de diciembre de 2004 prometía ser un día como cualquier otro… (Y seguramente lo fue), era martes y yo me dirigía sin especial entusiasmo a mi trabajo.

Pasaban de las 9.00 AM, pero no me preocupaba la impuntualidad y seguía buscando en el radio, algo bueno para cantar.

De pronto una voz me atrapó. Era un extranjero que hablaba sobre los sobrevivientes de los Andes.

Reconozco que inicialmente fue el morbo lo que llamó mi atención. Los sobrevivientes de los Andes, es un tema polémico que dio la vuelta al mundo, por lo extraordinario del suceso, pero sobre todo por la controversia de haberse comido a los cadáveres para subsistir. Lo segundo que me sedujo fue la voz del extranjero. Un tono de voz fuerte y clara, que parece familiar con cada frase.

La entrevista fue avanzando y de un segundo a otro me vi transportada al lugar mismo de la tragedia. Sus palabras me fueron llevando a una situación increíblemente difícil que pudiera replicarse a cualquier crisis de la vida:

“Tienes que superar las crisis con tus propios medios y descubrirlo dentro de ti, tienes que creer tu rol en la vida y tienes que entender que toda historia tiene dos lados”.

Llegué a mi trabajo con la ilusión de haber escuchado una charla profunda, con ciertas reflexiones pendientes en mi cabeza, pero sobre todo con una firme convicción: TENGO QUE CONOCERLO.

¿Por qué?

Quería escuchar completa la conferencia a la que hacía alusión, quería quizás, un poco más de introspección sobre algunos temas que me movieron del relato, quería indagar más sobre el tema y tal vez por 10 razones más que en el momento no recuerdo.

Sencillamente generé una conexión y se me metió la idea en la cabeza.

Ese día, ese hecho y esa meta fijada a las 9.45 AM de un día cualquiera, describen completamente lo que soy. Soy una mujer completamente apasionada de la palabra. Soy perfectamente “motivable” y creo, por sobre todas las cosas en el ser humano, como raza, como grupo, como gremio y como individuo.

Estoy convencida de que las personas ordinarias son las que convierten el mundo en extraordinario y me apasiona encontrar esa magia dentro de cada ser humano.

En fin, con ese particular y personal entusiasmo (y sin mucha imaginación), mandé un mail directo a su página. No parecía una misión muy difícil!

Era un mail breve y que llevaba como único objetivo obtener más información.

Una semana después recibí noticias de su representante que se ponía en contacto conmigo. Amablemente me dio los costos aproximados para que diera una plática, (que efectivamente excedían mi presupuesto), descubrí que mi gran meta y mi voluntad inquebrantable, no eran tan firmes.

Al menos conseguí el libro que había escrito al respecto, y bueno, si bien no era la plática que buscaba, supongo que era un buen inicio.

Sin muchos contratiempos el libro llegó a mi vida. La primera vez debo confesar que lo devoré; no dejé espacio para las comas, para los puntos, ni para reflexionar. Estaba tan emocionada!, pensé que al menos esto podría considerarse en parte, como objetivo cumplido; a través de su libro y de precisamente las palabras que el buscaba compartir, yo podría entender la historia, asimilarla y hacerla mía. Y así fue, me di la oportunidad de leerlo una segunda vez, de transportarme a ese tiempo, a ese momento, de vivirlo, de sentirlo, de oler el frío, de tener miedo, de vivir la desesperación y mediante analogías pasarlo a mis propios miedos, a mi propio invierno y a mis propios retos.

Leerlo fue un buen final para 2004!!, leerlo en invierno, igual que terminó la pesadilla de los Andes para 16 personas, igual cayó el mensaje en un corazón ávido de motivación, de lucha y de ganas de transformar el mundo. “Después del día 10” (el título del libro) se ganó un lugar en mi lista de “interesantes” y así es como terminó la historia en 2004.

Bien sabía que no podría pagar la plática, pero decidí dejar que la vida me sorprendiera en ese sentido. A veces pienso que basta con desear algo, para que el universo confabule en conseguirlo.

Empezó 2005 como empiezan casi todos los años: con prisa y desorden. Los días se amontonaron uno detrás de otro y casi no dejaban tiempo a que los minutos transcurrieran dentro de ellos. Ese año lo suelo llamar “el año de las separaciones”, pues curiosamente hubo varios rompimientos, tanto laborales como personales y todos ellos me dolieron; unos en mayor medida que otros, pero en general empecé el año con un corazón raspado.

Y la vida me sorprendió.

A principios de febrero recibimos una invitación de recursos humanos para toda la compañía para asistir a una plática. No había mucha información al respecto, pero mencionaban algo de “superación en situaciones extremas”

¿Será? – Pensé yo, mientras leía el mail….

No quise quedarme con la duda, así que confirmé mis sospechas. La invitación era para el extranjero y la plática sería precisamente aquella que no pude escuchar en el radio el diciembre anterior.

En ese momento me autoconvencí de que yo conspiré a mi favor. Sé que yo he atraído a la gente que he querido conocer y no fue ni la primera, ni la última vez que sucederá. Hay quien lo llama una “coincidencia”, yo lo llamo magia.

… Y un día como hoy hace 4 años, escuché una charla que tenía pendiente. Dejé que sanaran aquellos dolorcitos que traía arrastrando. Me di la oportunidad de encontrar mis días 10, mis autolimitaciones y traté de absorber un mensaje positivo e inspirador.

Muchas personas se burlaron de mí. La gran mayoría no encontró gran valor agregado a la plática, o no le pareció un mensaje importante. Más allá del tema “taquillero” del accidente, para muchos no tuvo relevancia.

Yo sigo pensando que escucharlo cambió mi vida. Quizás no por lo que dijo, sino porque yo quería cambiar mi vida y hay mensajes que hacen eco, sólo cuando representan una voz interior.

Hoy es un buen día para recordarme escuchar mi voz interior.

20080822

LA GUERA

Ella tenía el cabello dorado con la caída perfecta, siempre luciendo un peinado casual que daba la impresión de que no requería ninguna cepillada como para verse bien

Ella tenía unos ojos claro como el agua y brillantes como las chispas. Ella se tragaba mil lágrimas al día y las contenía con sus pestañas largas y onduladas.

Ella tenía una risa contagiosa y delicada. Oportuna y sincera.

Ella fumaba cigarro o puro y le gustaba tener a mano un martini seco, un caballito de tequila o un whisky.

Ella vivió intensamente y sin miedo. Vivió queriendo y siendo querida y defendió sus amores sin tener nunca que alzar la voz.

Siempre festejó sus cumpleaños con eventos impresionantes a donde uno se sentía halagado de ser invitado. Podían no ser multitudinarios, ni ostentosos, pero siempre contaban con el ingrediente de sorpresa, de chispa, de energía que la caracterizaba y no había forma de no sentirse homenajeando la vida en persona.

Ella amaba vivir y nunca tuvo miedo a envejecer.

Ella viajo como pocas personas. Visitó cualquier lugar que desearan ver sus ojos y aprendió entre tanto privilegio a disfrutar las cosas sencillas. Podía lucir igualmente hermosa en un vestido de noche, en un traje sastre o con sus jeans y ropa de manta, disfrutando la fresca brisa de Malinalco.

Ella era una persona culta de una plática interminable.
Sus relatos de su infancia me entretenían y alarmaban, al darme cuenta, como una pequeña personita pudo volcar la vida de más de 10.

Ella hizo siempre su voluntad y tomó la vida en sus manos.
Ella luchó cuando tuvo que hacerlo y cuando se rindió lo aceptó en una pieza.
- “Ya no quiero” - fue su forma de expresar que sabía la batalla perdida.

Y aún así nos hizo creer que la convencíamos, que lucharía, que se aferraría a la vida con su peculiar entusiasmo. Nosotros fuimos unos tontos al no ver que la magia que ella proyectaba, era precisamente su liviandad y su poca pertenencia a la Tierra.

Ella tuvo acuerdos con lo Divino que ni los médicos podrían explicar.
Ella nos lo avisó con tiempo y seguramente se sorprendió en silencio al ver que no le creímos. Se despidió de quienes sentía más pegaditos al corazón y aún pasó por la casa a tomarse un último trago.

Entre risas y carcajadas nos relató su fiesta de XV años con un grupo de rock en la sala de la Abuelita y la forma como evitó cualquier castigo. Nunca repitió una misma anécdota y siempre llenaba cualquier espacio con su presencia.

Se despidió con un fuerte abrazo de cada uno, pero con un cuerpo ya muy flaco y cansado…
Vió a los ojos a mi madre y sin titubear le dijo: “He sido feliz”.

Y a pocas personas les suena tan sincera esa frase en el rostro. No había otra forma de que ella pasara por esta vida, si no era siendo feliz.

Y tal como lo anticipó, se fue…


Hoy hubieras celebrado 60 años.
Hoy tu ausencia se me coló brevemente en el pensamiento.
Hoy te dedico una sonrisa y haré de este día un homenaje a la vida… A la que con tanta fuerza nos enseñaste a amar.

Ella era LA GÜERA.




*Evidentemente la foto la baje de fotosearch y no es La Güera, pero así es como me gusta recordarla.